Mi aula, digitalizada
Hoy he tenido la oportunidad de comprobar cómo se siente uno al estar entre los elegidos para "beneficiarse" (tal y como dicen en los medios) de tener un aula digitalizada. Sin saberlo, he entrado en el aula y me he encontrado la pizarra en el suelo, y en su lugar una gigante, digital, con varios recovecos. Los chavales estaban súper agitados, no querían dar clase, al no haber pizarra, y yo, por supuesto, al no tener ni idea de cómo funciona -nadie me lo ha explicado-, no la he tocado y he dado la clase de inglés sin pizarra. No sé cómo describir la sensación que he tenido, por supuesto no es el fin del mundo, pero sí he sentido una mezcolanza de rabia e impotencia. Siento como si -de hecho es así- a los profesores no se nos dejara elegir. Abocados al fracaso, ya se empieza a leer -y de profesionales, como la sueca Inger Enkvist -, que este sistema educativo no conduce a ninguna parte. Por lo menos, me he sentido aliviada al leer en la prensa comentarios de gente que opina como yo, por ejemplo, una profesora que tiene que empezar su clase quince minutos más tarde porque el ordenador de Jaimito no arranca -como si los de secundaria no tuviéramos suficiente con el tiempo que tenemos que emplear para mandar callar y poner orden-. Otra profesora de lengua se queja de que no se puede trabajar la caligrafía, pero en fin, supongo que estas cosas son bastantes ajenas para algunos, son bastante modernas. Por lo menos, me consuelo al pensar que a la mayoría de la población aún le queda sentido común -y que en el resto de aulas sigue habiendo pizarra.
Martín Lutero docente dijo
Sigo utilizando pizarra oscura y tiza blanca de toda la vida :)
8 Abril 2010 | 10:13 PM